Unido a...

domingo, 9 de agosto de 2009

LOS ESCLAVOS, de Alberto Chimal.


Considerado, por la crítica, como poseedor de una de las mejores plumas de la aún poco consolidada generación de los setentas. Chimal presenta su más reciente creación literaria y primera novela, en la cual expone una serie de transgresiones morales sin, por ello, asumir el papel de censor o deificador de uno u otro de los extremos.


La historia de la novela se estructura dentro de un conjunto de cinco capítulos (a su vez, dividida en otro subconjunto de 101 mini-escenas), de manera que la prosa nos va describiendo a un tiempo vertiginoso, acontecimientos que nos develan secretos de una realidad oculta bajo distintas capas: corrupción, ignorancia, poder enfermizo, pobreza insultante. Una díada que divide y une, del mismo modo, a la obra.


El libro nos describe las vivencias que se sucitan entro dos parejas unidas por un mismo motivo: mandar y obedecer.


La primera de éstas, entre Marlene y la Yuyis, (que por lo cierto, me dejó algunas lagunas) muestra una realidad que se desenvuelve entre la ignorancia (moral) y la pobreza (espiritual). Una realidad que, para poder hablar sobre ella, sería del siguiente modo: En el principio fue la corrupción. El cual, supongo, el autor evade con la finalidad de dotar a la obra de una capa de amoralidad, para dejar que los sucesos hablen por sí mismos.


Otra laguna que a mí me queda al respecto, es la voz del narrador ¿omnipresente? que, lo mismo afirma que se contradice.


La verdad nunca terminé de entender a quién trata de engañar, cuando señala, al final del capítulo a y c, respectivamente,


En lo dicho hasta ahora hay varias mentiras...


En lo dicho hasta ahora hay, cuando menos, tres mentiras...


Una incógnita mas, es la inclusión del capítulo titulado "Años después", al menos, a mí, no me queda lo bastante claro si se trata de un cruce entre ambos destinos, el de Mundo y Yuyis. No lo sé, no podría asegurarlo.


La segunda pareja que se describe a lo largo de la obra, es la que se desarrolla entre Golo y Mundo. Un excéntrico joven aristócrata en busca de nuevas emociones y placeres; y, Mundo, un burócrata ya entrado en años que parece tener una inclinación "natural" a ser sometido.


La narración se desarrolla dentro de un espacio urbano, lo que nos lleva a interpretar lo natural como artificio, ya que el concreto y el acero ha venido a transformar el entorno del hombre, del mismo modo que su psique. Un ejercicio de feedback que, al igual que mueve es movido.


A mi, me hubiera resultado mas interesante, si hubiese mantenido abierto un diálogo bajo la confrontación de tesis opuestas respecto a la naturaleza humana, como las de Hobbes y Rousseau. La una planteando el conflicto como parte la naturaleza humana, la otra, proponiendo la inocencia del hombre como fundamento.


Porque, a decir verdad, ¿qué sensación o reflexión deja una lectura que no se sustenta sobre tesis bien planteadas? ¿Unas horas de entretenimiento? ¿No será acaso que éste es el mal que aqueja a ésta generación? Su falta de compromiso con todo. Su postura "distante" hacia cualquier opinión, que, por el contrario, termina convertida en impostura. Ya que, yo considero que nada es más difícil de plantear que un "punto de vista neutral" (si no es que imposible), para hacerlo sería necesario exponer todos los puntos de vista posible bajo una misma lente.


Además de que esta díada entre someter y obedecer ofrece todo un espectro de posibilidades que permitirían, a un buen escritor, la creación de una gran obra, de la cual, según mi opinión, Los esclavos, de Alberto Chimal, aún dista un largo trecho de serlo.


Por otro lado sería un error, dicho lo anterior, no señalar las virtudes como su excelente manejo de las palabras y el dominio de una prosa tan fluida que, con disponer de un tiempo de tres horas, uno puede leer de principio a fin este muy buen libro.




2 comentarios:

Lilí Lanz dijo...

Considero que esa "distancia" que tú encuentras en el narrador de la novela es más una libertad para el lector que una irresponsabilidad del autor. Chimal le concede al lector la libertad de hacer sus propios juicios, sean estos morales, inmorales, amorales, etc. Lo mismo con respecto a llenar esos vacíos en la temporalidad de la trama. En lo personal me fascina pensar en las posibilidades de estos personajes.

Valentín Corona dijo...

Mira, Lilí, pues no sé si esa libertad la pueda conceder el autor. Me parece que tal libertad es algo más bien "natural" ajeno por completo al autor. Respecto a esos vacios, no sé, quizá si se etiquetara como una "obra interactiva" resultaría más contundente. Un autor debe amarrar perfectamente bien sus historias, a fin de cuentas es parte de su trabajo. Y no me refiero al esquema decimononico de la novela del siglo XIX, sino al aspecto de la verosimilitud.
Digo, en lo personal disfruté mucho la lectura, sin embargo, como lector, uno debe exigir más consistencia a los autores.