Unido a...

sábado, 22 de enero de 2011

EL ARTE POP ó LA BANALIZACIÓN DEL ARTE


El arte pop no es otra cosa que el conformismo y la banalización del arte. La evolución de esta corriente artística, lo que hizo fue invertir la antigua ecuación de sujeto-objeto, es decir, si antes los objetos1 servían al sujeto, ahora, con la implementación del nuevo paradigma, es el sujeto quien sirve a los objetos, a través de una idolatra iconografía tanto de personas como de cosas.

Aunque esta corriente artística haya nacido como una reacción ante el Expresionismo abstracto, al que consideraba vacio y elitista, para nadie resulta novedoso enterarse que el arte pop no es más que la loca pretensión de transformar a la publicidad en arte, pues la ideología de tal corriente se basa casi por completo en ésta última. He aquí una evidencia en boca de uno de sus más representativos exponentes: “El diseño es el arte para todo mundo. Una Coca es buena y todas las Cocas son buenas y eso lo sabe Elizabeth Taylor, el Presidente y también un vagabundo” decía Warhol.

El arte pop en su intento por masificar al arte, por sacarlo de las galerías para llevarlo a las calles, terminó por volverlo superficial, efímero, y netamente comercial; lo que equivale a decir que, simple y sencillamente, lo condujo de un extremo al otro.

Si bien es cierto que entre sus argumentos fundacionales el arte pop establece que su función es la de criticar y/o ridiculizar el estilo de vida de consumo norteamericano, así como a los medios masivos de comunicación que lo promueven, sus pretensiones aún hoy en día están muy lejos de posibilitarse, mucho menos de realizarse. El uso de la ironía y la parodia como instrumentos para atacar al sistema académico del arte y la cultura, apenas si han sido capaces de arrancarle una sonrisa sarcástica al verdadero enemigo: el capitalismo especulativo.

El objetivo primordial no está basado en la creación de obras de arte, en el sentido tradicional del concepto ─como algunos de sus exponentes han afirmado─, sino en exponer el trasfondo del estilo de vida norteamericano cimentado en todo un sistema de mecanismos especulativos y manipuladores que le dictan al hombre ordinario cómo debe vivir, ofertándole una gama de distintos estilos de vida. Por supuesto, todos basados en un consumismo displicente. Sin embargo, ese mismo hombre ordinario (al que se supone va dirigida la obra) es incapaz de capturar la ironía aplicada sobre la creación pictórica, quedándose, de hecho, sólo con una imagen publicitaria descontextualizada que lo más que logra es liberarlo del esfuerzo intelectual de interpretar la obra, lo que el anterior estilo, el expresionismo abstracto (de por sí ya sospechoso) le exigía.

Hay quienes afirman que en la actualidad toda cultura es pop, lo cual a mí me parece una afirmación errónea. Pues, sostener una aseveración así, es igual a decir que la cultura está muerta, o que, a la manera de Francis Fukuyama, respecto a las ideologías, dictaminar el fin de la cultura.

El principal problema que yo encuentro en una postura de esta corriente artística es el abandono, o, al menos, relego, que hace de la obra de arte. Al descontextualizar los elementos que utiliza en el proceso creativo de su obra, el artista pop elimina el espíritu gramatical de aquellos objetos de los que se vale para su creación artística, generando, de tal modo, nada más que una simple imagen estetizada de la vida diaria.

La amenaza pop

Sin culpar del todo al arte pop por la condición actual del arte en general, si podemos afirmar que su profundo “culto a la imagen” ha contribuido a la conformación de una cultura estetizada, lo que equivale a decir que la estética ocupa hoy en día un sentido óntico. Atrás quedó el Ser, la Conciencia, e incluso, el Lenguaje, hoy el fundamento reside en la Imagen. Todo es apariencia. Todo es virtual.

La hiperrealidad tecnológica ha terminado por eliminar el sentido fantástico y mágico de la realidad. Tanto ha laxado la antigua interpretación analítico-crítica, que, al final, ha dado por resultado una masificación del gusto y el juicio estéticos.

El arte pop, a través del collage y el pastiche se apodera de las producciones artísticas del pasado (o actuales), eliminando de ellas toda carga semántica, hasta transformarlas en simples adornos y ornamentos superficiales, sin ningún sentido textual argumentativo.

¿Y a dónde nos conduce este relajamiento, y sutil conformismo? Invariablemente a aceptar que todo es válido, aceptable, y ¿útil? Sí, aunque esta utilidad sea puramente decorativa. Entonces la crítica deja de ser analítica, para cobrar matices de fácil aplauso y aceptación ante cualquier producción artística, lo mismo sea mediocre que altamente elaborada, superficial que profunda. Tal parece que a todo el mundo le inquieta decir algo en contra de cualquiera obra, o cualquier artista.

Actualmente nos encontramos inmersos dentro de un nuevo paradigma estético de “todo se vale”, el anterior “elitismo” del arte no es que haya sido superado, tan solo se transformó en un “elitismo de masas”, el cual ya no busca profundidad en la obra, sino simple espectáculo y moda. Se acrecienta una nueva estética que reivindica “el mundo del arte”, es decir, todo aquello que gira en torno al arte (exceptuando al arte mismo, claro está).

La tan mencionada dispersión en las últimas generaciones de creadores, se debe a una falta de centro gravitatorio que las reunifique en torno a principios que exijan del creador estudio, inteligencia y sensibilidad, satisfaciéndose con un puro gusto estético masificado que abandera y promueve el paradigma de lo fácil, ligero, mediocre, en donde la superficie se cambia por superficialidad, y la profundidad es más bien un vacio de propuestas renovadoras.

Hoy en día para ser “rebelde” y “contestatario” basta con tomar un par de cursos en alguna aula de casi cualquier academia artística, o, localmente hablando, en el Centro de las Artes. A lo que me refiero es que ya no parece necesario realizar ningún esfuerzo intelectual, todo se basa en las apariencias, en una destemplada basuralización mediática que (no podría ser de otro modo dadas las actuales condiciones), a lo mucho se contenta con atacar la superficie de la problemática, dejando a la raíz intacta. Y, por lo tanto, cancelando de antemano cualquier propuesta de ruptura e innovación.

Para acabar pronto, el arte pop hace ya tiempo que apesta.

PO(P)STDATA

Con lo anteriormente señalado, no pretendo promover una vuelta a los antiguos totalitarismos académicos (nada más lejos de mis pretensiones), sino simplemente realizar una crítica analítica de los desaciertos del arte pop, los que ni siquiera se relacionan con sus aspiraciones y propósitos, sino con su desafortunado desarrollo en alianza con el mainstream del espectáculo.

Por desgracia, la mayoría de los artistas pop terminaron siendo devorados y digeridos por el mismo monstruo que algún día osaron combatir.

Tampoco debemos sentirnos derrotados de antemano, aunque el problema sigue en pie, nadie ha dicho que la solución para derrocarlo no existe. Pues, mientras el artista puro siga vivo, aún queda una esperanza.

martes, 4 de enero de 2011

TEMPORADA DE CAZA PARA EL LEÓN NEGRO, de TRYNO MALDONADO


La historia se enfoca en la vida de un “genio” de la pintura que se enrrolla con un promotor del arte que proviene de una familia adinerada. Producto de esta relación se genera toda una avalancha de sucesos que concluirán en un trágico desenlace.

Si me lo preguntan diré que sí… que sí me agradó el último libro de Tryno Maldonado “Temporada de caza para el león negro”. No es que se trate de lo mejor que haya leído, pero, dentro de las actuales propuestas editoriales del momento, ésta resulta altamente recomendable. Los riesgos que el autor asume son dignos de agradecer. Tampoco que nadie más los haya afrontado antes (Luis Humberto Crosthwaite, Mario Bellatín). Lo sobresaliente es el atrevimiento temprano y, sobre todo, haber salido en pie.

Entre los aspectos más rescatables y/o sobresalientes del libro, se pueden considerar la estructura de la narración, la evidente crítica al actual estado del arte en general, aunque en esta obra se circunscribe al terreno de la plástica, y la inserción de minihistorias de buena manufactura, contadas por el mejor amigo de Golo, protagonista de la obra, un tal Nostalgic Zebra (el que, según mi opinión, debió haberse aprovechado más en el desarrollo de la trama).

En cuanto a la estructura porque, ya de entrada, visualmente provoca en todos los sentidos. De la crítica, porque justifica el primer punto, es decir, el romper con los formatos tradicionales de la comercialización. Y el tercero, por lo ya antes mencionado, aunado a que, a pesar de sus muy limitadas apariciones, se convierte en un personaje bastante entrañable.

Si me lo preguntan diré que sí…vale la pena leer este libro.

martes, 14 de diciembre de 2010

LA FILOSOFÍA EN LOS TIEMPOS DE LA DESESPERANZA


Hace poco, releyendo el libro “Manual del distraído” de Alejandro Rossi, me encontré con una aseveración que me pareció muy acertada: es posible que el filósofo, hombre prudente, regrese a las artesanías, a los oficios o a la vagancia.

En uno de los textos que integran el mencionado volumen de narraciones ensayísticas, titulado simplemente “Enseñar”, Rossi nos revela que a partir del siglo XIX la mayoría de los filósofos son profesores. Atrás quedaba la imagen paradigmática del hombre meditativo, dedicado en cuerpo y alma al estudio y reflexión de las grandes interrogantes de la humanidad. Es necesario señalar que tal actitud no provenía de determinadas condiciones, sino que, por el contrario, las características de la vida de aquellos hombres variaban, e iban desde el que, como Descartes, disponiendo de solidas rentas, viaja, vive retirado, elige sus amistades, establece sus horarios de acuerdo con sus gustos; carece de obligaciones pedagógicas, no dicta clases, no corrige exámenes, no revisa planes de estudio, dormita, escribe, hasta el que, como Spinoza, se dedica a pulir vidrios. Entre estos dos extremos, existe una amplia gama de características propias, de acuerdo a cada pensador.

Entonces, encuentro que el punto a partir del cual se generó el cambio de paradigma, se debe menos a una cuestión en la manera de entender a la filosofía, que en la forma de desarrollarse dentro de ella. El mismo Wittgenstein exigía del filósofo: ascetismo, intensidad, concentración. Porque la filosofía no se trata de otra profesión más, sino de un llamado, de una vocación singularísima. Y como tal hay que afrontarla.

Recuerdo cuando, al poco tiempo de haber concluido mis propios estudios universitarios de filosofía, alguien me cuestionó: ¿Oye, y una vez que terminas de estudiar eso, si es posible encontrar un buen trabajo, es decir, en donde percibas un buen sueldo y puedas llevar una vida cómoda y desahogada? A lo que le respondí que yo no había elegido estudiar filosofía para ganar mucho dinero, sino que, simple y sencillamente deseaba estudiar filosofía. Y punto. Además, le aclaré que alguien que ingresara a ese tipo de estudios con la idea en mente de obtener magnos ingresos, de entrada estaba destinada al más rotundo de los fracasos.

Por lo regular los individuos que eligen consagrarse a la actividad de la filosofía, de antemano son considerados como seres pensantes o, al menos, así se consideran ellos mismos. Así que, siendo individuos pensantes, sabrían que para obtener buenos ingresos como profesionistas, lo correcto sería dedicarse a estudiar medicina, derecho, contaduría, o casi cualquier otra profesión, antes que la filosofía. Pues, dentro de un mundo con las características del cual nos encontramos, bien podríamos decir que (junto con la poesía, y todas las bellas artes en general), no sirve para nada. Y no sirve para nada, porque no nos facilita la vida, sino que, por el contrario, usualmente viene a complicarla aún más.

La filosofía no es una de esas profesiones cuya principal función reside en generar soluciones rápidas, sencillas y eficientes ante problemas inmediatos. No, definitivamente, esa no es su función.

Lo que el estudio de la filosofía ofrece, es el desarrollo de ciertas capacidades que habrán ya no brindar una solución para un determinado problema, sino la capacidad de generar una solución ante cada nuevo problema, indeterminado.

De acuerdo a lo anterior, la filosofía en estos tiempos de desesperanza y caos, representa un excelente resguardo y/o tabla de salvación ante la histeria colectiva generada por las actuales condiciones de vida, tan adversas para una convivencia social armónica y pacífica.

Pienso que la filosofía debe ser más una actitud ante la vida que una condición social o de estatus. Volviendo urgente y necesario rescatarla del enclaustramiento al que ha sido sometida dentro de los muros de las universidades.

La filosofía nunca ha necesitado de comodidades o privilegios para desarrollarse. Incluso, volviendo a Wittgenstein, algunas de las obras filosóficas más importantes fueron gestadas en medio de los ambientes más desoladores y caóticos, tal es el caso del Tractatus Lógico-Philosophicus, el cual nació en medio de las trincheras de la primera guerra mundial.

Si se piensa con calma, uno encuentra que la apuesta no resulta tan descabellada, sobre todo considerando que, a fin de cuentas, la universidad no es sino el reflejo de la sociedad, es decir, rígida, artificial, y autocomplaciente. Y porque la filosofía no se trata de un conjunto de teorías, sistemas de pensamiento, o doctrinas que enseñen, sino de una actividad que muestra.

Hoy es casi un imperativo que la filosofía vuelva a ser una práctica común. Tan común que le sea accesible, al empresario, zapatero, artista, o vagabundo, por igual.

jueves, 24 de junio de 2010

Jerusalén, de Gonçalo M. Tavares

─Maté a un hombre─ dice Mylia (uno de los personajes de la novela, apostándose frente a una iglesia)─. ¿Me dejan entrar?
Este acto aparentemente simple, aunado a la siguiente aseveración al inicio de la narración:
─La iglesia está cerrada de noche. Frase apenas murmurada por el mismo personaje. Marcan el comienzo y fin de toda la trama, así como también un mismo punto en donde habrán de convergen todo el dolor, la locura y la violencia que se desarrolla a lo largo y extenso de la obra. Pero, sobre todo, la representación de un nuevo héroe trágico: el inadaptado social. Aquel que sin proponérselo de manera consciente confronta las costumbres más arraigadas dentro de la logicidad de la razón, así como también sus más sólidas instituciones.
Un conjunto de personajes nietszcheanos se pasean por las hojas de esta obra en un entrecruzamiento de destino múltiple que terminara suscitando desde los asesinatos más absurdos, hasta los milagros menos comprensibles.
Entretejiéndose de manera conjunta con las cuatro vidas que terminaran por converger en una indeterminada madrugada, otra historia se desarrolla al interior de la cabeza de los personajes, aunque sólo un par de ellos sean conscientes de esto. Se trata de la historia de la salud mental de la humanidad a lo largo de la historia. Una historia que, para quien intente descifrarla, tarde o temprano termina por conducirlo dentro de ella misma. No de la supuesta salud mental, sino de la insania mental.

Buscaba comprender cómo piensa la Historia para formular una normalidad y así poder controlarla, de la misma manera que tantos años de estudio le habían enseñado que tal era la fórmula del comportamiento de los individuos: sabía que comprender los hábitos del pensamiento del loco equivale a normalizarlo, a prever su comportamiento y, en definitiva, a controlarlo como individuo.

El médico investigador de tal proyecto ambicioso, antes de salir de casa en aquella fatídica madrugada (Murmuraba con una perversa sonrisa): Busca vello púbico, Theodor, una compensación púbica. El mundo tiene el deber de compensarme por los días malos.
Más que un creador de historias truculentas, Tavares me resulta un constructor de ideas. Un narrador que va cimentando poco a poco nuevas ideas respecto al mundo y la realidad, pretendiendo antes que todo provocar inquietud en el ánimo de sus lectores.

De pronto, sin pensar en lo que hacía, (Mylia) escribió con el gis en la pared (de la iglesia) utilizando unas letras de tamaño muy pequeño, casi imperceptible; escribió: hambre.

Y para concluir, nada mejor que un extracto de la novela. Se trata de un dialogo entre Mylia, la heroína de la obra, y Theodor, el médico investigador de la salud mental de la Historia:


─¿Su nombre completo?
─Mylia. No quiero ningún otro nombre. Con ese me basta.
─Mylia. Es bonito.
─Después de preguntarme el nombre, todos los médicos dicen que es bonito.
─Será que es verdad.
─Será que es mentira.
─Mylia es un nombre bonito, y usted es una chica bonita.
─Váyase a la mierda
─Puedo hacerle otra pregunta.
─Hágala.
─¿Sus padres?
─¿Sí?
─Sus padres…¿le gustan?
─Mi madre me llama loca y tiene razón. Una vez le tiré un vaso a la cara. Todavía lleva la marca. ¿La vio?
─No me fijé.
─Pero la tiene. No le estoy mintiendo. ¿Quiere que la llame?
─No. Conteste a la pregunta que le hice ─dijo Theodor.
─¡Váyase a la mierda!
─Sus padres me han dicho que puede usted ver el alma.
─Es cierto.
─¿Y cómo es el alma?
─Tiene vello púbico.
─Me está tomando el pelo.
─Así es.
─¿Cree en Dios?
─Creo en todo lo que aprendí antes de los seis años. A los seis años sabía más historias de la Biblia que cuentos infantiles.
─Entonces cree en Dios
─Creo en todo lo que aprendí antes de los seis años. Todo lo que me han dicho después es mentira.
─Me cae bien, Mylia. Espero que podamos volver a charlar.
─¡Váyase a la mierda!

Si me olvido de ti, Jerusalén, permite que se seque mi mano derecha.

lunes, 5 de abril de 2010

Extrañando a Kissinger, Etgar Keret


Mi primer acercamiento a obra de Etgar Keret fue muy agradable. Pues este escritor, dueño de una prosa tan sencilla como contundente, nos enfrenta a muchos aspectos de la problemática contemporánea de una manera divertida (en muchos casos, hilarante). La fuerza de su narrativa, creo yo, reside precisamente en su muy particular forma de describir situaciones de lo más cotidianas de una manera nueva, es decir, como si por primera vez escucháramos hablar acerca de un niño que desea un juguete de Bart Simpson (¿qué asunto podría ser menos prosaico y generalizado que ese?) y, sin embargo, su pluma, guiada por su ingenio, es capaz de lograr una de las imágenes más enternecedoras que yo recuerde, al mismo tiempo que una situación verdaderamente hilarante.
Keret consigue, en sus narraciones, hacer coincidir los extremos que abarcan a la vida contemporánea. Ya que al tiempo que nos describe una situación totalmente perteneciente al género gore Extrañando a Kissinger, por su muy personal ingenio de tratar los asuntos cotidianos, no obliga a no tener otra reacción que la risa, al momento de confrontarnos con ella.
Sus personajes representan a una juventud desencantada del ficticio mundo Walt Disney en el que pretenden “encarcelarlos”, es decir, privarlos de toda posibilidad de elección, ¿para qué soñar si la vida es sueño? Sí, pero siguiendo con el poema, los sueños, sueños son. La mayor parte de los individuos que pueblan sus historias comparten ese rasgo en común del desencanto, saben que la realidad en la que se desenvuelven no es tal, sino una simple mascara de felicidad que encubre un rostro de miseria y aburrimiento, así lo demuestra Itzik, personaje de su cuento Estupendamente bien: “No iban a conseguir hacer de él un zombi sonriente al que le gustaran las telenovelas y García Márquez y que se desviviera por besar a su mamá a la mínima ocasión”. El mismo personaje que se pertrecha detrás de la puerta, cinco minutos después de que ha recibido la noticia de que la felicidad iba a llegarle ese día. Recuerda el día y la manera en que la felicidad le había llegado a su padre, y dice: “No me rendiré sin antes luchar. Yo no soy mi padre. A mí no me vas a arrastrar fuera en una camioneta con globos y motivos de Walt Disney y además con una sonrisa idiota pintada en la cara”. La resistencia poco a poco va menguando y, la realidad ficticia comienza a ganar terreno, hasta que “tres sentimientos que no conseguía identificar” lo rodean y le cambian la playera de WHY,? por otra de DON´T WORRY, BE HAPPY.
Dentro del universo narrativo de este autor, pareciera no existir solución alguna que los ayude a salir de la miseria y el aburrimiento en que se encuentran inmersos. Hasta donde recuerdo, ni uno solo de sus personajes consigue escapar. Por más soluciones estrambóticas que se les presenten, la realidad ficticia parece ir frustrando cada intento de fuga. Lo mismo se trate de unas gotas para no sentirse solo, la compañía de un amigo ángel perezoso que se niega a volar, etcétera.
Otro rasgo más que característico de este autor, de una gran mayoría de los escritores actuales es el recurso de la violencia administrada como método para combatir el tedio de una vida demasiado banal y mentirosa, al menos en sus libros.

martes, 9 de marzo de 2010

DE LA MENTIRA DEL ARTE




En alguna ocasión, Picasso manifestó que “el arte es una mentira que nos hace ver la verdad”; según este pintor, la Verdad no existe en realidad, tan sólo verdades que puedan ir justificando las mentiras (conscientes o inconscientes) sobre las que se sostienen las primeras. Para este creador, el artista no es quien se afana en buscar, sino el que, al hacerlo, encuentra. Y, por consiguiente, en adelante tendrá que convencer a los otros con respecto a la verdad de su recién “encontrada” mentira.


Para que una verdad justifique su veracidad, es menester haber llegado primero a la Verdad Absoluta (el mundo de las ideas, de Platón; la cosa en sí, de Kant; el Absoluto, de Hegel; etcétera), como ninguno ha llegado a ésta, más allá del simple papel, luego entonces, ninguna verdad por grande o pequeña que sea, debe ser tomada tan en serio; es decir, más allá de lo que enuncia o pretende expresar. Para ejemplificar esto, continuare sirviéndome de las palabras de Pablo Picasso, él decía que “el arte no evoluciona”, lo que significa que, ni una verdad cultivada a través del tiempo tiene por que volverse más verdadera, ni que una acumulación de verdades tiene por fuerza que llegar a ser una Verdad con mayúscula, sino que, simple y sencillamente las ideas y la concepción del mundo habrán de ir modificándose, lo mismo que su forma de manifestarlas. Y ello no significa que una sea más verdadera que las demás, tan sólo diferente (o diffèrance, aplicando un término acuñado por el filósofo Derrida, el cual nos servirá para clarificar mejor nuestro propio tema cuando lo retomemos más adelante).


Pero entonces ─se preguntaran, algunas pocas mentes analíticas─, ¿Si no existe evolución en el arte, qué más queda? Pues bien, lo único que persiste es tan sólo un gráfico de altibajos en el que, dependiendo del grado de lucidez y capacidades de sus creadores en una determinada época, el arte en general brillara o se tornara más opaco respecto a un período de tiempo con referencia a otro, lo que quiere decir que el nivel artístico alcanzado en cierto momento histórico dependerá, ya no de una evolución con respecto a la obra de los creadores precedentes, sino de la penetración con la que los creadores actuales aborden su presente, ya que de ello dependerá que su obra se mantenga ahí mismo: en el presente.


Pongámoslo desde la perspectiva más básica del sentido común: Si una obra creativa se desarrolla a partir de solo referencias del pasado, esa obra habrá de mantenerse en ese mismo punto referencial, es decir, en el pasado.


En pocas palabras, en el arte no hay futuro.


No es posible hacer arte para el futuro. Toda obra artística se realiza para el presente. A partir de ahí, dependerá de la vasta o escasa capacidad y herramientas de que disponga el artista, para aprehender los elementos básicos del presente y haga a un lado los puramente decorativos y/o superficiales; para que, de tal modo, su obra permanezca en el presente o, de lo contrario rápido envejezca y engrose las extensas filas del pasado. Y si no, díganme ustedes, dónde está el Futurismo de Marinetti o, traducido a algo más cercano, dónde quedó Maples Arce y sus estridentistas, ambos, supuestos “movimientos” que, tomando como estandarte el futuro, hoy a nosotros, habitantes de ese futuro, casi nada nos dicen ya. ¿Y por qué sucede eso? Porque la realidad es que ni nosotros ni nadie seremos, jamás, habitantes de futuro alguno, sino de un simple presente perpetuo, lo que ya en sí es bastante, tomando en cuenta que la inmensa mayoría, por lo regular, vive en el pasado.


Tomare ahora otro ejemplo para aclarar un poco lo dicho líneas arriba, para ello me serviré de esos escritores de best-sellers como Paulo Cohelo o Cuauhtémoc Sánchez, además de comenzar a entrar más de lleno al ámbito que me interesa abordar: la literatura.


Ahora bien, para no divagar tanto me limitaré a tratar dos puntos concernientes con esa clase de narradores. El primero, que venden muchos libros, lo cual es una razón suficiente aunque no necesaria, para afirmar que son más leídos que los demás; y, en segundo lugar, que lo escrito por ellos, en realidad no es literatura, al menos no literatura seria, sino a lo mucho literatura para adolecentes o formativa, lo que hoy en día se ha dado en llamar como “superación personal”.


Como mencionábamos antes, el hecho de que estos narradores tengan altas ventas de sus libros, no significa forzosamente que sean más leídos que aquellos que no venden en grandes cantidades, mucho menos que sean leídos con el mismo interés y profundidad que otra clase de autores, sobre todo los así llamados marginales, aunque por otro lado, eso sería imposible ya que como André Gide bien dice, a través de la boca de uno de sus personajes en Los monederos falsos, “su profundidad la llevan sobre la piel”. Con lo que ya ni siquiera se pueden adjudicar el titulo de escritura formativa, ya que más que “formar”, deforman. O quién se atrevería a ponerlos a la par de verdaderos escritores de literatura formativa comenzando por Homero y continuando con Cicerón, Rosseau, o Montaigne, por mencionar sólo algunos entre tantos otros. En realidad, lo único que representan sus “altas ventas”, es la simple adecuación de un producto a las leyes del mercado, eso y nada más. En donde mercado significa lo mismo que espíritu. Y producto, lo mismo que alimento. Siendo así que, en nuestros días, el alimento para nuestro espíritu son una serie de libros deformativos que en nada contribuyen a mejorarlo, sino todo lo contrario. Finalmente la única influencia formativa que llegan a ejercer entre sus lectores, de manera intencional o no, es la de transformarlos en excelentes consumidores.


Esa clase de literatura, si así puede llamarse, manifiesta pues ya una cierta finalidad: la de enaltecer una cierta gama de “virtudes” judeocristianas, tales como la sumisión, conformismo, humildad, etcétera. Rechazando de manera a priori cualquier otro tipo de pensamiento distinto. Entonces, si se analiza un poco la cuestión, es fácil distinguir que ya no se trata de ahondar en el conocimiento de uno mismo y su relación con todo lo que le rodea, sino de predicar y propagar un cierto modelo de conducta y pensamiento. Por otro lado, hace tiempo que quedó demostrada la ineficacia de su aplicación en tal sentido. Sirva como ejemplo el caso del mismo Rousseau, en dos de sus obras, por un lado Emilio, novela de carácter puramente idealista, en contraposición con sus Confesiones, texto de corte cien por ciento realista.


La primera trata del cultivo de las virtudes con vista hacía un determinado ideal: el hombre bueno, o en sus propias palabras, el buen salvaje. Al final no se trata de otra cosa que de hacer sentir al lector que el bien siempre triunfara sobre todas las cosas. O, en otras palabras, que una persona virtuosa, por más sufrimientos y calamidades afronte a lo largo de su vida, al final, si no desiste de ese sendero y esa conducta habrá de alcanzar la felicidad. Lo que no sería nada criticable dentro de una realidad en la cual el imperativo categórico le importara a más de dos. Por desgracia no es nuestro caso. Y si no, sólo volteen a echar una mirada a todos esos pinochos politiqueros a los que hicimos referencia al comienzo del presente texto.


La segunda nos muestra al hombre de carne y hueso, inmerso por completo en el mundo real, y en donde aquel primer idealismo ha quedado muy lejos. Los hechos narrados con una honestidad brutal en Confesiones nada tienen que ver con aquel predicador de las virtudes a ultranza.


Ignoro si tal vuelta de tuerca en su obra haya sido algo premeditado, aunque me inclino a creer que sí, ya que, al menos para mí, en ello radica la mayor parte de su valor y trascendencia. ¿En qué? En que es una literatura que ha sabido trascender no ya su presente, sino su pasado.


En todo caso que más claro ejemplo que el Quijote, a cuyo autor no le tembló su única mano para echar los santos oleos a toda la tradición de novelas caballerescas de la cual ella misma abreva para existir. Y que, en el caso de Rousseau, se trata de la novela pastoril.


En ambos casos el común denominador es que trascienden el pasado, y dejan de ser solo una copia más de alguna idea consolidada, para ubicarse por su propia valía en el presente, un presente indeterminado.


Para concluir, yo pienso que en el actual estado de las cosas, la función de la literatura no es ya exponer las cosas como debieran ser, sino como estas son, para que conforme al libre albedrío, que según dicen, cada quien tiene el derecho a ejercer libremente, tome lo que le sirva. Ya que, si bien es cierto que tal vez el arte sea una mentira que no logre mostrarnos la Verdad Absoluta, de una manera definitiva y contundente, nadie puede negar que, al menos, nos acerque a una porción de ésta que nos sea posible abarcar y comprender.



viernes, 28 de agosto de 2009

La cantante calva


Pocas veces he disfrutado tanto la lectura de una pieza de teatro (antipieza, en este caso), como al leer La cantante calva, de Eugène Ionesco, de quien pocos datos tenía, tanto de él como de su obra. No fue sino a través del interés que despertó en mí, la lectura de los libros de Beckett que, un día di con el nombre de Ionesco, ambos autores considerados como los iniciadores del llamado "teatro del absurdo", debido a su rompimiento con la lógica, para imponer su propia "lógica" irracional en donde los extremos se tocan invirtiendo el sentido de lo expuesto.
Las acciones desarrolladas en el curso de las tramas que, inician aparentando no ser sino un conjunto de actos azarosos desprovistos de toda lógica, conforme van siendo asimilados por los espectadores, van desvelando un mundo rutinario e insignificante sostenido por falsos y endebles principios apriorísticos que no funcionan más que para hacer creer a las personas que su vida tiene un sentido.
En la cantante calva, primera pieza teatral de este autor, puede verse la intencionalidad del autor de intentar ir más allá de lo visible por medio de las palabras y los actos fuera de sus contextos habituales. Lo primero en lo que repara uno, es en los nombres de los personajes que comparten el mismo entre todos sus integrantes: Sr. Smith/Sr. Smith. Sr. Martin/Sra. Martin. Entre los personajes que intervienen sólo el de la sirvienta y el bombero conservan cierta individualidad, lo cual no es una cuestión fortuita, sino que lo que contiene de trasfondo es toda una crítica a los intentos encasillatorios de las sociedades modernas para formar "individuos" indiferenciables unos de otros. que mantiene entre sus rasgos más caracteristicos la falta de reflexión crítica, acostumbrados a recibir a recibir las cosas ya digeridas. Pongamos un ejemplo, sacado de la misma obra:

el bombero: Pues bien comienzo. (Vuelve a tosiquear y luego comienza con una voz a la que hace temblar de emoción.) "El perro y el buey", fábula experimental: una vez otro buey la pregunto a otro perro: por qué no te has tragado la trompa? Perdón, contestó el perro, es porque creía que era elefante.

Sra. Martin: ¿Cuál es la moraleja?

El bombero: Son ustedes quienes tiene que encontrarla.
El final que no es más que un intercambio de personajes interpretando los mismo diálogos, representación de lo insignificante del "yo".


¿y la cantante calva?


Silencio general. Incomodidad.

domingo, 9 de agosto de 2009

LOS ESCLAVOS, de Alberto Chimal.


Considerado, por la crítica, como poseedor de una de las mejores plumas de la aún poco consolidada generación de los setentas. Chimal presenta su más reciente creación literaria y primera novela, en la cual expone una serie de transgresiones morales sin, por ello, asumir el papel de censor o deificador de uno u otro de los extremos.


La historia de la novela se estructura dentro de un conjunto de cinco capítulos (a su vez, dividida en otro subconjunto de 101 mini-escenas), de manera que la prosa nos va describiendo a un tiempo vertiginoso, acontecimientos que nos develan secretos de una realidad oculta bajo distintas capas: corrupción, ignorancia, poder enfermizo, pobreza insultante. Una díada que divide y une, del mismo modo, a la obra.


El libro nos describe las vivencias que se sucitan entro dos parejas unidas por un mismo motivo: mandar y obedecer.


La primera de éstas, entre Marlene y la Yuyis, (que por lo cierto, me dejó algunas lagunas) muestra una realidad que se desenvuelve entre la ignorancia (moral) y la pobreza (espiritual). Una realidad que, para poder hablar sobre ella, sería del siguiente modo: En el principio fue la corrupción. El cual, supongo, el autor evade con la finalidad de dotar a la obra de una capa de amoralidad, para dejar que los sucesos hablen por sí mismos.


Otra laguna que a mí me queda al respecto, es la voz del narrador ¿omnipresente? que, lo mismo afirma que se contradice.


La verdad nunca terminé de entender a quién trata de engañar, cuando señala, al final del capítulo a y c, respectivamente,


En lo dicho hasta ahora hay varias mentiras...


En lo dicho hasta ahora hay, cuando menos, tres mentiras...


Una incógnita mas, es la inclusión del capítulo titulado "Años después", al menos, a mí, no me queda lo bastante claro si se trata de un cruce entre ambos destinos, el de Mundo y Yuyis. No lo sé, no podría asegurarlo.


La segunda pareja que se describe a lo largo de la obra, es la que se desarrolla entre Golo y Mundo. Un excéntrico joven aristócrata en busca de nuevas emociones y placeres; y, Mundo, un burócrata ya entrado en años que parece tener una inclinación "natural" a ser sometido.


La narración se desarrolla dentro de un espacio urbano, lo que nos lleva a interpretar lo natural como artificio, ya que el concreto y el acero ha venido a transformar el entorno del hombre, del mismo modo que su psique. Un ejercicio de feedback que, al igual que mueve es movido.


A mi, me hubiera resultado mas interesante, si hubiese mantenido abierto un diálogo bajo la confrontación de tesis opuestas respecto a la naturaleza humana, como las de Hobbes y Rousseau. La una planteando el conflicto como parte la naturaleza humana, la otra, proponiendo la inocencia del hombre como fundamento.


Porque, a decir verdad, ¿qué sensación o reflexión deja una lectura que no se sustenta sobre tesis bien planteadas? ¿Unas horas de entretenimiento? ¿No será acaso que éste es el mal que aqueja a ésta generación? Su falta de compromiso con todo. Su postura "distante" hacia cualquier opinión, que, por el contrario, termina convertida en impostura. Ya que, yo considero que nada es más difícil de plantear que un "punto de vista neutral" (si no es que imposible), para hacerlo sería necesario exponer todos los puntos de vista posible bajo una misma lente.


Además de que esta díada entre someter y obedecer ofrece todo un espectro de posibilidades que permitirían, a un buen escritor, la creación de una gran obra, de la cual, según mi opinión, Los esclavos, de Alberto Chimal, aún dista un largo trecho de serlo.


Por otro lado sería un error, dicho lo anterior, no señalar las virtudes como su excelente manejo de las palabras y el dominio de una prosa tan fluida que, con disponer de un tiempo de tres horas, uno puede leer de principio a fin este muy buen libro.




jueves, 6 de agosto de 2009

LA ÚLTIMA NOCHEVIEJA DE LA HUMANIDAD, de Niccolò Ammaniti



Niccoló Ammaniti (Roma, 1965) Escritor italiano, perteneciente a la generación conocida como "Los caníbales". Es con esta compilación de narraciones, Fargo, (la última nochevieja de la humanidad, traducción al español) que la obra de este creador se acerca a los lectores hispanohablantes por primera vez. Poseedor de un estilo crudo y, al mismo tiempo, divertido, que le ha valido ser emparentado con creadores como Quentin Tarantino o Robert Altman. Es palpable la influencia del cine norteamericano en la elaboración de sus historias.


Horror y humor, elementos predominantes a lo largo de las historias que conforman esta obra. La cual le valió un reconocimiento, tanto de los lectores como de la critica, a nivel internacional.


La narración con la cual abre el libro y, que además, da titulo a todo el conjunto la última noche vieja de la humanidad, bien podría ser considerada una novela corta. En ella se expone una gama de visiones distintas con respecto a esta fecha, unas optimistas, las otras pesimistas, como ejemplo la siguiente:


Pasar. Pasar de todo. De cualquier cosa. Tranquilo. Un buda. Quedarse encerrado en la habitación. Parapetado en el búnquer. Poner un disco y hacer como si no fuera una noche especial, sino una cualquiera de un día cualquiera (...) Encendió el tocadiscos. Los Nirvana. Sentía que había algo vagamente heroico en su modo de actuar, quizá incluso ascético, en su desprecio del mundo y la diversión a toda costa.


De manera paradójica ¿o quizá, no tanto? la primera posición con la que asume el tratamiento del tema pasa de uno al otro extremo: de la búsqueda primera de una "diversión a toda costa" pasa a otra de total rechazo, una apatía que pasa de todo.


Y todo esto porque es nochevieja. ¡De locos! Tercer mundo.


La historia que comienza a las 19:00 horas y habrá de finalizar en la mañana del día siguiente, es una exposición fragmentaria de personajes que giran alrededor de tan significativa fecha. La cual ha sido fuertemente mercantilizada por la sociedad de consumo, a través de los medios de comunicación. Publicidad que algunos rechazan sin cortapisas, mientras otros parecen asumirla de manera tacita, sin mayores cuestionamientos. Llevados sólo por la inercia de la tradición y la educación familiar.


Hay que encontrar apoyos firmes, se decía. Apoyos fijos, sólidos, para cambiar la vida. Empieza un año nuevo y entonces yo me convierto en un hombre nuevo. Me deshago de las viejas costumbres y le hecho huevos. Me convierto en una persona seria.


La similitud de la anterior reflexión, por parte de uno de los personajes, con la idiosincrasia del mexicano promedio es en verdad sorprendente. Lo cual bien podría servir de pie para abrir un dialogo con esta tradición literaria. ¿O será que la propaganda mediatica es la misma aquí y en China? Tal vez. Como sea, lo importante es señalar el rasgo conformista de quien gusta depositar siempre sus esperanzas en un futuro que jamás le habrá de pertenecer. Esas patéticas gentes que luego de comer y descorchar el champán y brindar por el año nuevo. Por los éxitos futuros. Posteriormente se encontrará haciendo fila frente a las casas de empeño. A menos que un chispazo le permita abrir los ojos a la realidad, y sea capaz de observar el mundo tal y como éste es, tal y como ha dejado una secuela de fracasos a los largo de los años.


¿Y tú querida, qué tienes que celebrar? ¿Qué es lo que esperas del año nuevo? Bueno...Quizá...Podría...¡No! Ni lo intentes. Nada. Ni hablar. Tú ya te tragaste tu dosis de mierda, incluso quisiste pasarte de la raya, te atiborraste. Ahora estas llena. De modo que basta.


Poco a poco, la realidad va guiando a los personajes hacía una postura pesimista ¿realista? de lo que representa esta fecha sobrevalorada.


No es más que otra estupida convención social. Otro producto de esta estúpida civilización del consumo (...) La paz y la alegría se encuentran en los recovecos más escondidos de nuestra mente. Allí siempre hay una fiesta, lo único que hay que hacer es encontrar la puerta de entrada.


El autor nos arroja, de manera inesperada, pistas acerca de posibles "escapatorias" a la situación planteada, al pesimismo que permea de inicio a fin la trama. Los destinos comienzan a entrecruzarse y, con ello, los sucesos se multiplican, las directrices apuntan a todas partes, lo cual mantiene el interés del lector fijo en la narración, lo sujeta a un deseo de saber en qué terminará tan desquiciada historia. Justo en medio de las acciones más disparatadas. Uno de los personajes parece arrojar al lector un cuestionamiento a manera de examen,


- Bueno, ¿has entendido? La noche vieja la llevamos dentro. No está fuera. Es un puto examen, y no hay estrategias para afrontarlo, él siempre te la juega. Es más fuerte. No hay más cojones. Te destroza. Te machaca (...) No hay nada que hacer, en un momento dado de la velada te preguntas: ¿qué has hecho este año? ¿Y qué vas a hacer el siguiente? ¿Vas a cambiar? ¿Conseguirás cambiar? Miras a tu alrededor y ves gente de fiesta, que se divierte, que te pone la mano en el hombro y te dice que te quiere. Y te besan (...) ¡Que asco!


Esto sería suficiente para valorar el trabajo de este escritor lejos de lo que comunmente se conoce como simple literatura de evasión.


Ya casi para cerrar el relato, se desata "una guerra tan antigua como el mundo: Proletariado contra Nobleza infame". Por supuesto, de una manera simbólica, representada por una horda de hinchas futboleros contra residentes de una de las villas más lujosas y confortables.


El desenlace resulta de lo más inesperado. Luego de una masacre, sólo sobrevive quien menos deseaba hacerlo.


El resto de las narraciones, de menor extensión, aunque no por ello de menor intensidad, se mantienen dentro de una línea de droga, violencia y unos finales casi siempre inesperados.




miércoles, 5 de agosto de 2009

NOVELA CON COCAÍNA, de M. Agueiév

La lectura de esta obra ha significado, para mí, toda una revelación: el secreto mejor guardado de la conciencia: la desnudez de esta.


La novela, ya de por si, rodeada de un halo de misterio, es una rara avis, un "desajuste" en la tradición literaria. No acepta antecesores ni herederos. Según los escasos datos al respecto, la novela fue escrita alrededor de los años treintas, cuando el autor se desempeñaba como profesor de idiomas en la ciudad de Turquía. En 1935 una editorial parisina publica por primera vez la novela a manera de fragmentos, no siendo hasta los años ochenta que finalmente comienza a darse, a la novela, el justo valor que merece. Siendo hasta entonces que se inicia toda una investigación que permita dar con el autor, el cual jamás es encontrado, ya que nadie de los medios literarios de la época tiene conocimiento alguno de él o su obra. Es gracias a una persona que dice haberlo conocido en Constantinopla, a quien se le deben los pocos datos con que se cuenta. Una obra de tan excelente manofactura que, en algun momento, se sospechó de su autoria al también escritor ruso, Vladimir Nabokov. Más tarde, la esposa de éste último desmintió tal aseveración.


El autor de esta obra parece poseer las cualidades que, él mismo adjudica a Burkevitz, uno de los personajes en la trama


"..la terrible fuerza rusa que no conocía ni barrera, ni obstáculo, ni contención, una potencia de acero, solitaria y taciturna"


De esa manera es como va desenvolviéndose la historia, siempre teniendo como centro gravitacional la reflexión de los acontecimientos en la mente de Vadim, el personaje central de la obra, quién, sin menores concesiones, enfrenta la moral de su época y la trasciende a fuerza de honestidad, de tal modo que su vigencia, aún persiste en esta nuestra época.


El personaje de Vadim parece estar dentro de una batalla interna con una época turbulenta, la de la primera guerra mundial, sin por ello hacer demasiada insistencia en el tema, salvo un pasaje durante el que este antiheroe, observa a una de las mejores mentes de su generación precipitarse dentro de un cerco que parece envolver todas las épocas del Hombre, parece darse cuenta, por primera vez, de lo vano que resultan ser todos esos sueños de grandeza y superación,


"... llegábamos a la inquebrantable convicción de que, como antaño en la época de la tracción móvil, ahora, en la era de la locomotora, le resultaba más fácil vivir a un hombre estúpido que a un hombre inteligente, a un ser astuto que a uno honesto, que el cruel tenía más atractivo que el débil, que el autoritario conseguía más gratificación que el bondadoso, que el embustero se hartaba más que el virtuoso, que el gozador tenía más placeres que el continente. Qué eso ha sido y será así eternamente, mientras el hombre viva sobre la tierra"


Mas adelante, Burkevitz, concluye su discurso al esclarecer el origen, según él, de esta constante en todas las épocas.


"Ese mal era la simpleza. La simpleza que hay en la tendencia del hombre a considerar con desprecio todo lo que no comprende, y que se va ampliando a medida que aumentan la inutilidad y la mediocridad de lo objetos, las cosas y los hechos que, en ese hombre, provocan la admiración"


Blindado de su ideario revolucionario, este personaje sostiene una disputa verbal con el sacerdote del colegio, quien luego de escuchar todos los reclamos y reproches, simple y sencillamente se da la media vuelta y se aleja. Aunque, más adelante, a través de una confesión, el tamaño de su espíritu se agranda de una manera tan humilde que, levanta un muro que resulta imposible franquear y, por ende, la derrota permanecerá para siempre, en él.


En el siguiente capítulo, titulado "Sonia", Vadim padece los sentimientos encontrados del amor-odio, deseo-rechazo. Pareciera que el autor le da al personaje la oportunidad de la "redención" a través de un recurso distinto al de la razón, es decir, la carne. Dicotomía que se resuelve en el siguiente aforismo de la novela,


"Los encantos de un cuerpo de mujer que encienden los sentidos son como los olores de cocina - excitantes cuando se tiene hambre, repugnantes cuando se está satisfecho"


El cual se complementa con el siguiente fragmento,


"Para un hombre enamorado todas las mujeres no son más que mujeres, con excepción de aquella que ama -ella es para él un ser humano. Para una mujer enamorada todos los hombres son seres humanos, con excepción del que ama; para ella es un hombre"


Luego de su segunda derrota, Vadim, se encuentra con la cocaína y una nueva batalla se desencadena en su interior, ya que el mundo sombrío y noctámbulo de la droga, lo lleva a transitar por un camino solitario y sin esperanzas mundanas, las cuales son fácilmente sustituibles por una "toma" de cocaína, y, sobre todo, con tan sólo un mínimo de esfuerzo, pues "lo que importa al hombre no son los hechos ocurridos en su vida, sino sólo la repercusión de tales hechos en su conciencia"


Finalmente, terminará por transitar entre una realidad mezcla de "verdad" y de sueños.


Podría decir que novela con cocaína es una de las confesiones más honestas y, por lo tanto, más crueles que haya leído, a la fecha. Y, es que los acontecimientos que conforman el total de la novela, son de una crueldad que raya en lo despiadado. Una sucesión de "verdades" enunciadas sin mayores trabas, sobre todo las morales.

jueves, 27 de noviembre de 2008

LA VENGANZA DE JACK KEROUAC (FRAGMENTO)



Un día antes de la famosa fiesta compré algunas caguamas y las bebí junto a todos ellos, entonces sí, en aquel momento, la mayéutica socrática conoció sus más altos vuelos. Pronto se formaron dos bandos en la disputa intelectual: por un lado estaban Hegel, Derrida, Kant, Foucault y Descartes, por el otro, Kerouac, Miller, las cuatro caguamas y yo. El discurso argumentativo del bando filosófico se sostenía en un fundamento óntico-escatológico, que presuponía como base de su sistematización lógica epistémica, la pre-esencia de Dios en todo ser en cuanto que es. Entonces, yo le advertí que si de eso se trataba, también guardaba unos buenos trabalenguas debajo de la manga. Kant, el racista de la mente, defensor a ultranza de la razón pura, tachó de mí, sobre todo, la desorganización estructural cognitiva de mis axiomas, los cuales, según él, carecían por completo de una sistematización funcional práctica. Herido en mi orgullo cognitivoneuronalsintético, le dije las ciento dieciséis tesis argumentativas que servían de fundamento para mi teoría epistémica-valorativa respecto a la selección de la mejor cebada para preparar una buena cerveza, el silencio suspensivo-tangencial que siguió se prolongó por unos minutos, seguramente en las sinapsis de su mente discursiva se produjo un interfaz.
Lo siguiente que recuerdo es haber despertado por la mañana junto a un montón de libros deshojados. Al parecer, la discusión concluyó en pésimos términos, sobre la pared de mi habitación había un graffiti que decía “KANT, CHUPAME UN HUEVO”. Pedí disculpas al filósofo por el exabrupto.
me preparé unos chilaquiles con queso: asunto resuelto, estaba seguro que Kant sabría entender, además, alguien que se dice ser tan inteligente no tendría por qué ponerse a discutir con un borracho.